Del brick al click


Que no desesperen las librerías de “ladrillo y mortero”, como las definen los americanos: la historia no se acaba para ellas
La crisis ha hecho mella en muchos sectores y especialmente en el retail, pero no será permanente y acabará pasando. 
Para las librerías a esta crisis se ha sumado un cambio en los modos de consumo de sus productos genuinos, que ha pasado de los libros a los contenidos.
Pero así como en otros sectores de contenidos -la prensa, por ejemplo-, el cambio es muy radical y requiere una real reconversión conceptual y estructural del sector, no ocurre lo mismo con los libros.
Algunos diréis que en el caso de la prensa afecta especialmente a las Editoras y en los libros no tanto. En la prensa nos preocupa muy poco la suerte de los kioscos, pero la de las librerías sí nos preocupa. Nos preocupa porque forman parte de nuestro tejido cultural y cumplen no sólo una función mercantil, sino de mayor calado cultural en el imaginario colectivo, donde aún son referentes de peso.
Ante este aciago panorama, lo más fácil es decir que todo apunta a la desaparición tanto del brick(ladrillo) como del mortar (mortero) y que todo será virtual.

Pues bien: no va a ser así necesariamente. Las librerías todavía tienen la posibilidad de convertirse en espacios de experiencia memorable para el consumidor, no sólo de libros, sino de otros productos, lo que ha venido en llamarse “hibridación” y “experiencia del consumo”, etc.
Así como las librerías han sabido, en su mayoría, reconvertirse a Internet creando sus propias tiendas virtuales, con un modelo subyacente calcado del físico, en lugar de ir a la calle X esquina Y, vas a una dirección de www. No han sabido adaptarse a los cambios de este cibermundo, puesto que  ahora el modelo es otro, más distribuido (2.0).
Las posibilidades de promoción y vinculación que ofrecen las redes sociales no están siendo explotadas por las librerías. La librería del pueblo o del barrio debe convertirse en un hub de unión de la comunidad, desde el punto de vista del ocio cultural. Cambio de paradigma: pasar de la venta de literatura a la  venta de ocio cultural. Y en esto las herramientas 2.0 pueden ayudar mucho.
La aparición de los e-book también es vista como un riesgo, porque no requiere pasar por la librería para su descarga. Intentos de vinculación como Libranda han fracasado y ahora los editores dicen “ya lo intentamos: ahora venderemos directamente”.
Pueden generar negocio con la venta de hard, de los e-readers. De hecho, en USA el buen resultado económico de las librerías físicas, el año pasado, se ha debido, en buena parte, a este factor. Un valor añadido puede ser el asesoramiento en su funcionamiento, facilitando las primeras descargas desde su web.
Deben explotar ciertos puntos fuertes, como el hecho que su clientela tiene un cierto nivel cultural y adquisitivo, lo que permite diversificar la oferta con productos y servicios de amplio margen.
El espacio físico de brick and mortar debe convertirse en una interface privilegiada con el mundo digital, mediante las aplicaciones móviles y la geolocalización. Me explico: ¿que impide desarrollar Apps que en el momento que entres en una librería te ofrezcan la posibilidad de descargarte un vale descuento, o te sugieran los libros más vendidos según tus preferencias genéricas? Técnicamente nada lo impide.
Que además, una vez has definido tu perfil de lector te sugiera la asistencia a actividades que se desarrollaran en la librería y que encajan con contigo. ¿Por qué no sugerir ofertas de otros servicios de amplio margen, como los viajes organizados de cariz literario?
Explorar el mundo de los viajes literarios. Sus próximas vacaciones pueden ser las más asombrosas.  Si es un apasionado de la literatura, es posible que dese visitar los sitios donde sus escritores favoritos han creado clásicos literarios. Visitar los sitios frecuentados por JRR Tolkien;  caminar por las calles de Dublín, de la mano de James Joyce y su “Ulises”, la Praga de Umberto Eco, descubrir el París que Ernest Hemingway y Henry James describieron, o El Nilo de Agatha Christie. Todo lo puede contratar desde la librería y su mostrador de brick and mortar,asesorado por el propio librer@.
Por qué no vincular el mundo del arte con la librería, convirtiendo espacios poco aprovechados en soportes para cuadros o esculturas de artistas nobeles o consagrados que se pueden vender.
Ser atrevidos y apostar por la impresión on demand en la propia librería es ya una posibilidad a explorar. Sin dejar el brick, podemos gestionar muchos clicks que aporten valor a la librería.
 Albert Pérez Novell

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