Ciudades, plazas, elucubraciones, apariencias ocultas y recuerdos

La ciudad es una escritura; aquel que se desplaza por la ciudad, es decir, el usuario de la ciudad es un tipo de lector que, según sus obligaciones y sus  desplazamientos, deduce fragmentos del enunciado para actualizarlos en secreto. (Barthes, Roland. : “Semiología y urbanismo”)

Madrid visto con mirada extranjera: 

Antes era un visitante asiduo de Madrid, pero no acababa de hacerme con la ciudad, ahora a raíz de permanecer más tiempo continuado, la vivo, la observo, la leo de otra forma. 

A partir  de abrir una oficina en Plaza de España y observar con más frecuencia los dos magnos edificios que la coronan: La Torre de Madrid y el Edificio España,  se me han ocurrido una serie de reflexiones a su alrededor. 

Edificios otrora emblemas del despuntar de un nuevo amanecer económico y ahora el edificio España propiedad del Santander Banif , vacio, y la Torre vacía hasta el piso 16.
Los edificios  pueden establecer relaciones entre ellos y con elementos cercanos.

Todo, en la ciudad, puede aparentar otra cosa y tomar una dimensión simbólica o como mínimo metafórica. 

La ciudad es cosa de apariencias, las relaciones entre partes nos sirven para establecer otras apariencias.

La escala, las figuras, los materiales, transforman las apariencias de los edificios y a veces no nos dejan atisbar otras formas de observarlos.

Hay cosas en la ciudad y en los edificios que no son perceptibles a primer nivel de lectura.

Mirar la ciudad es captar un orden de significaciones, que está modelado por una estructura esencialmente hecha de logos y los dos edificios, objeto de atención, son auténticos logos de la España de los 60.



En la madrileña Plaza de España, está enclavado el monumento a Cervantes con una estatua dedicada al escritor y otras sendas estatuas dedicadas a sus inmortales personajes, Don Quijo y Sancho Panza, montados en sus cabalgaduras, Rocinante y Rucio. Don Quijote a la derecha de Sancho.


Más allá de la lectura arquitectónico / política de dos construcciones realizadas en pleno franquismo. Erecciones destinadas cual símbolo fálico a evidenciar el poder de la capital en un momento de incipiente despegue económico, como fueron los 60 en España, y que pretendía, provincianamente, emular a Manhatam. A mí se me antojan, y no he encontrado ninguna reflexión en esta línea, como dos esculturas conceptuales que representan y rinden homenaje a los dos personajes de Cervantes, reinterpretando las dos esculturas vecinas.

Empleando un término matemático, diríamos que existe un isomorfismo  evidente entre la estructura de los edificios y la de las estatuas.

La Torre de Madrid, esbelta, delgada con sus 142 metros de altura (es Don Quijote)  y el Edificio España más bajo 117 metros de altura y casi tan ancho como alto (es Sancho Panza). Ambos edificios están dispuestos en la misma forma que las estatuas, Don Quijote a la derecha y Sancho a su izquierda, además la postura de Rocinante encaja perfectamente con las formas escalonadas de la Torre de Madrid.

Es de destacar que el resto de edificios de la plaza guardan unas alturas mucho más bajas y homogéneas no destaca ninguno más, lo que contribuye a dotar a los dos edificios de un simbolismo especial.






Por otros motivos, merece especial mención el edificio modernista, La Casa Gallardo  situado en una de sus esquinas. Se trata de una de las obras clave de la última etapa del llamado modernismo madrileño, que no puede considerarse  una verdadera corriente, como en el caso catalán, pero si ha dejado una cuantas obras de mayor o menos valor artístico, a veces catalogadas  como modernistas con calzador.  



Reflexión final para no madrileños, o sea para provincianos, como yo:
Siempre que observo a estos dos gigantes desde la oficina, no dejo de pensar en otros tiempos de esplendor de esta Plaza: se me aparecen, José Sazatornil, Paco Martínez Soria, y ellas, Concha Velasco, Sonia Bruno, Mónica Randall, etc, todas en minifalda, claro. 

Sólo tenía ganas de explicarlo.

temps passe et morte
Albert Pérez Novell

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