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Reflexiones al filo del abismo del lenguaje. -fuck or enjoy that is the question-

Hemos conquistado la igualdad jurídica y social de la mujer. Hemos conquistado, también, la libertad sexual: ninguna restricción, limita hoy en día las prácticas sexuales.

La educación sexual está presente en las aulas desde edades bien tempranas.

Y, sin embargo, contra todo pronóstico, la violencia sexual aumenta. ¿Es posible analizar  este fenómeno sólo con instrumentos que beben exclusivamente del racionalismo? , ¿Qué falla en la educación para que este problema parezca irresoluble?, ¿Es un problema de educación?.
Ni es un problema de libertad del uso del propio cuerpo, ni de educación funcionalista ortopédica, ya vemos que no sirven para nada.

Algunos,  arguyendo conceptos de antropología barata, achacan que el aumento de esta violencia, es debido a una reacción a la libertad de la mujer que descoloca al macho de su rol dominante.

Sobre el binomio (V - S = violencia- educación y libertad sexual) realizando un juego podemos decir que: 
He querido huir de la metáfora del mâle blessè, por considerarla reduccionista. ¿Y la mujer?, ¿sólo es víctima?. Ser víctima es la posición más cómoda que se puede tener en la sociedad contemporánea. No debería discriminarse a la mujer de su papel activo en esta historia de violencia. ¿Puede ser la mujer sujeto desencadenante de la violencia sexual?, si es así ¿Cómo?.

Algo late detrás que liga directamente con cómo vivimos la violencia en general y cómo se enraíza esta en los más profundos recovecos del sexo.

Ya va siendo hora de que nos dejemos de eufemismo
La tendencia contemporánea del lenguaje políticamente correcto a utilizar eufemismos,  substituyendo el significante “sexo” por el de “género”, cuando nos referimos a los casos de violencia. La  gran aportación, supuestamente erudita, del feminismo contemporáneo, apuesta por el uso de “género” apelando  a lo social, relativo especialmente al poder y las forma como se ejerce, como si lo sexual no fuera parte de lo social y del núcleo de construcción del poder (Totem y Tabu, Freud) y en este contexto ¡cambiamos “sexo” por “genero” !.

Referirse a la violencia de “género”  incorpora un componente claramente político, que remite a la matriz cultural, aprendida (y no natural) del problema y permite elaborar políticas y discursos públicos. Sin embargo, esta denominación —de género— acaba por convertirse en un eufemismo que esconde que se trata de una problemática entre sujetos sexuados.

No debería ser desde el poder instrumental, tal como lo entendemos, desde donde se decodifiquen estos fenómenos, que mantienen más relación con un poder de otro orden, con un poder simbólico arcaico, supuestamente digerido por la evolución civilizatoria  y sublimado en formas rituales consuetudinarias. 

Ejemplos: Se prohíbe la agresión dentro de la comunidad, pero a la vez se pautan las ceremonias en las que esa misma violencia puede encontrar salida –tal es el origen de las manifestaciones deportivas y de los ritos de iniciación.

Se introducen las restricciones en el ámbito alimenticio para contener la violencia caníbal, pero a la vez se orquestan  comidas totémicas en las que el alimento prohibido puede ser ingerido sin ir más lejos, el catolicismo mantiene el banquete totémico en el que se ingiere simbólicamente el cuerpo de Cristo.

El incesto: Se imponen las restricciones sexuales, (con todos, menos con este o esta) pero a la vez se diseña la ceremonia matrimonial como el ámbito donde lo prohibido puede y debe ser transgredido. Vista así la ceremonia matrimonial (boda) no deja de ser una forma de transgresión de lo prohibido vía sublimación. Es el padre de la novia el que la conduce y entrega a su futuro marido ante el altar, donde el novio recibe una mujer que pertenece al padre, y lo mismo podríamos decir del novio y la madre, aunque no sea objeto de una puesta en escena tan evidente, lo que también hace pensar que hay tabús, como el edípico, que no nos atrevemos a metaforizar.

Ahí es donde el rol de la mujer-madre cuenta como variable a tener en cuenta en la violencia de sexo. La mujer, sabe que no lo tiene, y quiere tenerlo; no renuncia a él sino que espera que el padre se lo provea bajo la forma de un hijo, un hijo = falo. Va depender mucho de cómo se articule y evolucione en el tiempo  la relación madre-hijo, para que se predetermine una conducta o tendencia a la agresión sexual de este hijo hacia el sexo femenino. Es más potente el mensaje, la impronta, que transmite la madre – fálica que el rol social masculino teóricamente dominador.

En algún aspecto si que podemos decir que el libre uso del propio cuerpo y el fin de los tabús como la homosexualidad manifiesta, actúan como válvulas de escape que si inciden en la reducción de la violencia sexual.

Dicho esto, a quien tendríamos que educar no es a los hijos sino a sus madres. O a los hijos para ser padres y madres del futuro. Tener un hijo no te hace padre, igual que tener un piano no te hace pianista.

Y visto lo visto, seguimos pensando todos que el origen es ingenuamente racional o racionalista, de forma que no conseguimos  asir la verdadera naturaleza del fenómeno de la violencia de sexo, que no es  precisamente racional.

Herederos de Rousseau y Descartes: creemos en el buen salvaje (que, no nos engañemos, era un autentico cabrón) y en el derecho a la libre utilización del cuerpo. El paradigma racionalista concibe al ser humano como una máquina racional gobernada por un aparato psíquico que busca el placer y rehúye el dolor y de ahí parte la concepción moderna de la violencia, sesgada por estas ideas fuerza.

La educación sexual, basada en  lo anterior, gira en torno a una concepción de los sexual puramente instrumental, como usar bien nuestro equipamiento sexual para la búsqueda del placer. No puede haber nada de malo en la búsqueda del placer si es mutuamente consentido y practicado entre iguales, en el uso o libre de sus cuerpos.


¿Pero estamos seguros que es cierta esta concepción racionalista que se basa en la concepción del sujeto como una máquina racional  que sólo busca el placer y huye del dolor?.

No será que lo que late en el fondo es la búsqueda, no del placer (efímero por definición) sino del goce, es decir de la violencia. ¿Estamos seguros que los chic@s que asisten a clases de educación sexual quieren saber lo que se les explica? o que  lo que realmente quieren saber es de la pasión, del dolor y del goce, es decir, de la violencia.  Los jóvenes son auténticos devoradores de cine Gore lo que no deja de ser un síntoma. Lo que buscan entonces no es exactamente el manejo instrumental del  placer, sino algo que se sitúa entre ambos: lo que buscan/mos entonces es sentir, experimentar, algo más. Este algo más es el goce ( lo sabía bien Santa Teresa de Jesús) y deberíamos preguntarnos.

¿ Qué relación posible hay entre el ser del goce y ese libre uso del propio cuerpo?. Ninguna, aunque el paradigma de la modernidad racionalista se empeñe en su existencia. El goce, por tanto, no es el placer, sino algo que se sitúa de manera dialéctica entre el placer y el dolor. Una vez más el lenguaje, utilizamos la expresión Petite Mort cuando nos referimos al orgasmo.

Desde el punto de vista del placer,  la diferencia sexual se diluye: es fácilmente concebible que uno y otro sujeto, en tanto iguales, se suministren mutuamente placer. Y sin embargo, si es del goce, y por tanto de la violencia, de lo que se trata, la diferencia  entre ellos se hace inevitable
 El estudio barcelonés Pornographics y la agencia 
seisgrados han desarrollado el spot para la firma de 
productos eróticos creada para la mujer Late Chocolate.

Nuestros cuerpos no son esas máquinas al servicio de nuestra conciencia que el paradigma racionalista concibe, sino, por el contrario, cuerpos reales, habitados por una pulsión que reclama goce. Y que, para alcanzarlo, no duda en introducirse en la vía del riesgo, del dolor y, en el límite, de la violencia y la conducta suicida.

Y no es síntoma de esta pulsión de violencia que subyace en nosotros sobre el sexo lo que se manifiesta en expresiones muy cotidianas: cuando nos referimos a actos de violencia eliminamos el significante sexo y cuando manifestamos verbalmente expresiones violentas aparecen significantes claramente sexuales. !Coño ¡,!Cojones¡, !Te voy a joder¡, ¡No me jodas¡, !que te den por….¡ ...etc, o la más surrealista !Que te folle un pez¡. Es fácil de entender que todos los registros de la violencia laten en estos enunciados: desde la agresión, el sometimiento y la humillación y la zoofilia más extraña.

Queremos alejar al sexo de la violencia y en cambio cada vez utilizamos más palabrotas agresivas de índole sexual, es decir, sin saberlo conscientemente, identificamos sexo con violencia.

A título de hipótesis: ¿ Es posible  una conexión entre la lenta agonía de nuestra civilización  y la  obcecación de la modernidad en reducir la sexualidad al ámbito del placer, en separarla de la violencia y, en esa misma medida, del goce y la irreductible permanencia de la violencia sexual?. Violencia que no es posible encauzar, del todo, mediante la institución del erotismo.

En contra de lo que pensaba Freud, cuanto más evoluciona la civilización y la cultura, menos se reprime el sexo, hasta que en nuestros días, como dije en un anterior post, (PORNO - CHIC: Deslizamientos peligrosos del discurso publicitario), estamos inmersos en un autentico Baño Maria sexual, canalizado por el erotismo institucionalizado.

El ámbito de la sexualidad, encauzado por la institución del  erotismo, y sus artefactos: publicidad, mass media, internet, show business, etc.. , es aquel donde la violencia puede ser mejor ceñida, encauzada, elaborada, articulada.

Aludiendo al primer principio de la energía,  podemos decir que la energía sexual (y toda forma de energía es violenta) no se crea ni se destruye, simplemente se transforma y se modula vía el erotismo.  Dicho de otra: el ámbito de la sexualidad, configurado por el erotismo, es aquel donde la violencia puede ser mejor ceñida, elaborada, articulada. Y así compensamos la represión de otras formas de violencia.

Una de las más evidentes manifestaciones del erotismo institucionalizado es la separación o mejor dicho disolución de la sexualidad en múltiples prácticas distintas del acto sexual supremo que es el –coito-. La pregunta fundamental definitiva y transcendental que se hacen, tanto chicos como chicas,   y que vemos en todas las pelis de adolescentes en relación al sexo es: ¿Lo has hecho?, lo demás parece no contar.

El sucedáneo no vale, aunque sea lo más utilizado: el contacto sin tacto de Internet y las cuatro posibilidades alternativas al coito, que son cuatro, no infinitas, como algunos creen. Clinton dijo textualmente que no mantuvo relaciones sexuales con la Lewinsky, sólo orales (y no eran conservaciones precisamente, entre otras cosas, porque es de mala educación hablar con la boca llena ;-))

Se trataría de conseguir la prevalencia del buen goce sobre el goce criminal.
Matar es transitivo, Gozar es intransitivo, Follar es transitivo. La cultura contemporánea en cuanto al sexo se ha vuelto tan instrumental que todo gira sobre el follar. Hasta las mujeres, en su obsesión emancipadora, quieren follar a fulano o mengano, no quieren follar con.  

Se educa para follar más o menos bien, es decir sobre lo instrumental, obviando que como mínimo deberíamos dar herramienta o al menos pistas a los adolescentes para que decodifiquen mejor sus conducta y la relación con sus padres y pareja.

No si servirá para algo a alguien, a mi  me ha servido para hacer un reset mental sobre el trabajo cotidiano.
Albert Pérez Novell

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