Nosotros los españoles somos el seny y “ellos”, los catalanes, la rauxa.

Racionalidad e irracionalidad en el caso catalán.

Son ciertamente penosos los calificativos que tildan de irracional al proceso nacionalista catalán y racional la radicalización nacionalista española.

El llamado nacionalismo irracional y excluyente, curiosamente, se desarrolla y radicaliza más en los estados soberanos que en las naciones sin estado como Catalunya. Se acentúa en Francia, Austria, Holanda con el crecimiento de la ultra derecha nacionalista y xenófoba. Y vemos aparecer la versión hispana, en las manifestaciones unionistas celebradas en Barcelona.


Esta forma de no pensamiento, se gesta dentro del paradigma “nacionalismos buenos y nacionalismos malos”. Coincidiendo siempre los primeros con los poderosos y los segundos con lo que no tiene poder político. Es curioso que así se vea desde España, nada que ver como se ve desde Catalunya.
Desde Catalunya no se tilda de malo al nacionalismo español, solo a sus manifestaciones no democráticas, policiales, jurídicas, comunicacionales. En cambio, desde España cualquier movimiento realizado desde Catalunya, en el sentido de mayor autogobierno es visto como algo maléfico digno de ser destruido como sea.
Desde España se sitúa a los catalanes en el lugar de “ellos” (a por) los otros, los distintos, los inferiores, a los que se puede ningunear, pegar, insultar, arrebatar derechos. Al fin y al cabo, desde la lógica hispana, los que tienen los catalanes se los han concedido los españoles, como se atreven a querer disponer de más derechos y libertades, sin su mediación, pobres irracionales.
Un gráfico de la teoría psicosocial describe claramente el vínculo que se establece cuando el otro pasa de sujeto a objeto:

Podemos definir el vínculo como una relación particular con un objeto; de esta relación particular resulta una conducta más o menos fija con ese objeto, la cual forma, una pauta de conducta que tiende a repetirse automáticamente.
El vínculo que establece España con Catalunya es de tipo paranoico: “...se caracteriza por la desconfianza”, con tendencia a obsesivo:” ..que se caracteriza por el control y el orden”.

Siempre ha sido así:
Si se destruyó la reforma del estatuto en el 2006, refrendado en referéndum por los catalanes, Sí: 1.899.897 (73,24%) No: 533.742 (20,57%), como no se destruirá las aspiraciones independentistas del referéndum ilegal, inconstitucional, secesionista, sedicioso,… del 2017.  SI: 2.044.038 (90,2%), NO: 177.547 (7,8%), promovido por este “otro” inferior y malévolo.

Como se gesta esta cultura:
La diferencia fundamental entre Catalunya y España, consiste en el modelo o proceso de su gestación como estados, o como comunidades, o como queráis decirlo.
España pertenece a una cultura política primitiva, gestada desde el propio Estado, desde las monarquías absolutas y absolutistas, mientras Catalunya pertenece a una cultura compleja, gestada y modernizada a partir de la sociedad civil. Solo hay que ver la estructura urbanística de Madrid y Barcelona para entenderlo. No sólo observando el centro de ambas capitales, sino su área metropolitana. La capital catalana es una compleja y descentralizada 'ciudad de ciudades', mientras que Madrid es un sistema monocéntrico y muy jerarquizado.

El centro de Barcelona se concibió para producir un tipo de ciudad adecuado a las posibilidades de la burguesía y a sus exigencias. Una retícula cartesiana perfecta.
El de Madrid con sus avenidas y plazas con monumento incluido, es el adecuado a un modelo monárquico de concepción de la ciudad.

El Madrid del poder económico y político que ofrecía proteccionismo y control policial desde el Estado a la burguesía catalán centrada en Barcelona, ha sido un modelo que se ha perpetuado en el tiempo hasta la transición, con la postura posibilista y acomodaticia de Convergencia y la política de “peix al cove” preconizada por Pujol. Traspasos competenciales a cambio de soporte en el congreso. Eso sí, competencias las justas, no sea que nos traspasaran Hacienda.

Las culpas que nos han llevado a la situación actual podríamos repartirlas entre más actores que los puramente españoles.

La frase de Menéndez Pidal: “España es fuerte cuando el centro es fuerte y débil cuando lo es la periferia”, parece estar escrita a fuego en el inconsciente colectivo español.

El contexto actual hace que el Estado español, por más centralizado que esté, haya perdido soberanía económica, política y militar (en 3 días se estrellan dos aviones) en un mundo globalizado, marcado por lo que pasa en Wall Street o la City londinense.

En este escenario, Catalunya, objeto, debería aprovechar la debilidad del sujeto, y plantear problemas hasta que provoquen consecuencias en el terreno económico que se materialicen en el terreno político mediante exigencias de resolución del conflicto por parte de instancias superiores (UE).

Dicho claramente, al procés català, no lo salvará el primo de Zumo Sol, sino la prima de riesgo.

Cuando la deuda española alcance cotas insoportables por causas debidas a la falta de resolución de este contencioso es posible que haya diálogo, ¡qué pena de país!

De la interdependencia a la independencia:

El modelo del estatuto del 2006, destruido por las instancias del estado, preconizaba un modelo interdependiente, y no fue aceptado. Ahora esta interdependencia solo puede pasar por la independencia como modelo dentro de un marco europeo, que es en el que procede garantizar la interdependencia.

Esperemos que no se cumpla la sentencia de Giménez Caballero que "...entre España y Catalunya sólo caben el abrazo o el fusil…" porque tal como se desarrollan los acontecimientos, el abrazo parece, por lo visto últimamente, que es una opción descartada.


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